Papel y Cartón
, 9 de septiembre de 2019

El mundo necesita un cartón más verde

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La innovación que logró Tetra Pak para envasar la leche superó con creces a la botella de vidrio, pero necesita ser mejorada.

humilde cartón de leche ha sido parte de nuestras vidas durante tanto tiempo que es fácil olvidar que se le consideró una maravilla cuando apareció en 1952. La tecnología de Tetra Pak hizo multimillonario a Hans Rausing, uno de los descendientes de la familia fundadora sueca, quien falleció la semana pasada a la edad de 93 años.
 

Los cartones de Tetra Pak, hechos de capas de cartón y polietileno, pronto desplazaron a las botellas de vidrio porque eran mucho más livianos y se podían apilar y distribuir fácilmente. Su cartón aséptico, con una capa de papel de aluminio que permitía que la leche tratada con calor permaneciera fresca, le siguió en 1961.

Pero todas las tecnologías presentan inconvenientes, y Rausing falleció en el momento en que los del plástico se están volviendo terriblemente obvios. Los rellenos sanitarios están repletos de botellas y de cartones, y billones de piezas de plástico flotan en los océanos del mundo. ¿Qué sucede con los 189.000 millones de contenedores Tetra Pak fabricados el año pasado cuando son descartados?

Los fabricantes de contenedores de cartón, como Tetra Pak y SIG Combibloc de Alemania, están lejos de ser los únicos contribuyentes a los crecientes volúmenes de residuos de envases. En cierto sentido, ellos están fomentando el reciclaje. Pero el aumento de la popularidad de los cartones muestra cuán complejo y difícil es el reto ambiental.

El caso a favor de los cartones es simple: pueden ser mejores que las alternativas. Son fáciles de transportar, y un estudio de los fabricantes alemanes descubrió que tienen un 78% de impacto climático que las botellas de vidrio.

Los cartones también contienen un 75% de papel y sólo alrededor de un 20% de plástico.
Cuando se recolectan y se llevan a una planta procesadora especializada, los cartones también son bastante reciclables. Sus diversas capas se separan en papel, plástico y fibras de aluminio cuando se procesan en líquidos para convertirlos en pulpa, lo cual permite que la fibra de papel pueda mezclarse con pulpa virgen de madera y convertirla en cajas de cartón, en pañuelos y otros productos similares para volver a usar.

Estas son las buenas noticias; las demás son menos esperanzadoras. En primer lugar, el reciclaje está lejos de ser universal, incluso en Europa, la cual tiene un mejor historial que EE. UU.

Sólo el 47% de los materiales de los 37.000 millones de cartones de bebidas fabricadas para los países europeos en 2016 fueron reciclados.

Los cartones también son propensos a una paradoja más amplia: a medida que avanzan las economías, las personas tienden a reciclar más pero también a consumir más. El índice general de reciclaje de envases de Croacia en 2016 fue del 55%, en comparación con el 71% de Alemania, pero el alemán promedio generó cuatro veces más desperdicio de envases que el croata promedio.

Esta es una perspectiva aterradora a escala mundial. McKinsey & Co, la firma de consultoría, estima que China constituirá el 28% del mercado global de envases para 2022, y las economías emergentes, como la de Vietnam, sufren un problema generalizado de botar basura, no sólo en la forma de botellas de plástico, sino también de cartones.

En segundo lugar, el cartón es más fácil de reciclar que el plástico, o que el 4% de contenido de aluminio de los envases asépticos. En teoría, el plástico y las fibras de aluminio que emergen de la ‘sopa’ de cartones viejos se pueden utilizar para otros usos; el metal puede convertirse en material para tejas, mientras que el polímero puede fundirse en gránulos para la calefacción de gas o vapor.

En la práctica, esto sólo ocurre de manera irregular y, como lo expresó un estudio, “el reciclaje completo en el sentido estricto actualmente no es factible en el caso de los cartones para bebidas”.

Los cartones son pegados y construidos cuidadosamente, a menudo con una tapa de plástico y con una pajilla fijada a un lado; lo que Tetra Pak ha unido no se puede separar fácilmente.

La concientización del consumidor acerca de los desechos plásticos está aumentando rápidamente gracias a las campañas contra la contaminación del océano. Pero a la gente todavía le gusta la conveniencia de los cartones; y ellos ofrecen diversos beneficios, incluyendo el acceso a leche y a jugos frescos en países sin sofisticadas cadenas de suministro y sin refrigeración.

Esto significa que las empresas como Tetra Pak necesitan hacer más para que sus productos no sólo sean útiles, sino para que también sean sostenibles.

A corto plazo, eso implica vínculos más fuertes con las plantas de reciclaje y con las compañías de manejo de basura para garantizar que los contenedores que le distribuyen al mundo sean devueltos y reutilizados.

El año pasado, Tetra Pak acordó una asociación con Veolia, el grupo francés de manejo de basura, para reciclar más polímero y más fibras de aluminio provenientes de los cartones para uso industrial en Europa. Junto con otros fabricantes de cartones, Tetra Pak también está aumentando su uso de materias primas recicladas y aprobadas para el medio ambiente, como la pulpa de madera procedente de bosques certificados.

A largo plazo, la compañía se enfrenta a un enorme reto tecnológico para lograr lo que dice ser su objetivo final: construir cartones utilizando solamente materiales renovables, incluyendo plástico reciclado. Los cartones no necesitarían entonces nuevos suministros de polímero de las refinerías de petróleo y de gas.

Parece improbable, pero la innovación en la ciencia de los materiales fue lo que originalmente permitió la creación del cartón de leche. Eso también tardó mucho en perfeccionarse, desde que surgió la primera idea de crear un cartón de papel tetraédrico en 1944 hasta la fabricación de envases asépticos 17 años más tarde. Como observó el padre de Hans Rausing, Ruben: “Hacer algo que nadie más ha hecho antes es, en realidad, bastante difícil”.

Los cartones multicapa resultaron ser una invención mucho más útil de lo que incluso los Rausing se hubieran dado cuenta en aquel momento. Pero, como las botellas de plástico y como las latas de aluminio, era imperfecta. Hacerla más verde es un proyecto que vale la pena.

John Gapper

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