Alimentos
, 5 de marzo de 2019

El poder de los envases para reducir los residuos alimentarios

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La innovación en materiales, recipientes y métodos de envasado amplía la vida útil de almacenamiento, mientras que el envasado inteligente incrementa la confianza de los consumidores en el buen estado de los productos.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, cada año se desperdician 1.300 millones de toneladas de comida, lo que supone un coste de unos 680.000 millones de dólares en los países industrializados y 310 000 millones de dólares en los países en desarrollo. ¿Es capaz de imaginar lo que esto supondría para los 800 millones de personas que pasan hambre en todo el mundo? Se trata de alrededor de 1,17 billones de kilogramos de alimentos desperdiciados anualmente, suficiente para alimentar al doble de esos 800 millones de personas.

De acuerdo con las cifras de 2015 del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), el 31% de todos los alimentos producidos en Estados Unidos no se comen, y cada estadounidense tira más de 16 kg de comida al mes. Además, según el USDA, el estadounidense medio tira el 40% del pescado fresco, el 23% de los huevos y el 20% de la leche que compra.

El impacto de estos residuos va más allá de los contenedores de basura. Cuando se tiran los alimentos, también se desperdician los recursos necesarios para producirlos, procesarlos y transportarlos. Para producir los alimentos que se desechan se emplean enormes cantidades de productos químicos, fertilizantes, combustibles y tierras y, en EE UU, el 25 % del agua total que se consume. Los alimentos que no se comen acaban en vertederos, donde su descomposición provoca el 25% de las emisiones de metano (un gas de efecto invernadero 20 veces más dañino que el CO2) de EE UU, según la Agencia para la Protección del Medio Ambiente (EPA).

Los consumidores y las marcas son cada vez más conscientes de los daños ambientales y financieros que supone comprar alimentos que se acaban tirando a la basura. Una parte del flujo de residuos que se suele olvidar son los residuos de coste completo, que proceden de productos que se fabrican, envasan y distribuyen sin llegar nunca a venderse y consumirse. Para abordar esta pérdida de manera directa, los fabricantes, junto con los minoristas y los organismos gubernamentales, se esfuerzan cada vez más en implementar soluciones de envasado avanzadas que prolonguen la vida útil de almacenamiento y minimicen los residuos.

Envases diseñados para incrementar la vida útil

Un ejemplo muy alabado entre los minoristas es el de los supermercados británicos Tesco. En 2014, esta cadena presentó un informe en el que indicaba que había desperdiciado 28.500 toneladas de alimentos, un movimiento arriesgado desde el punto de vista de las relaciones públicas, pero que respondía a un buen motivo. “No solo queremos reducir los residuos alimentarios en nuestras operaciones. Tenemos la responsabilidad compartida de reducir los residuos alimentarios en toda la cadena de valor: en los campos, en las granjas, en las redes de distribución y en nuestros propios hogares", afirmaba Tesco en el informe. ”Al compartir esta información hemos añadido una importante prueba al debate del tratamiento de los residuos alimentarios. Ya estamos tomando medidas para abordar los puntos más importantes de la cadena de valor, además de donar los excedentes de alimentos a las personas necesitadas".

Junto con los esfuerzos comunitarios destinados a combatir los residuos alimentarios, Tesco abordó la cuestión de la mejora de los envases. Las pechugas de pollo de la cadena constituyen un caso ilustrativo: en lugar de venderse en bandejas envueltas con plástico, se ofrecen en un envase predividido en porciones que permite a los consumidores cocinar una pechuga y guardar el resto. Al encontrar una forma de reducir los residuos basada en el diseño más que en la tecnología, Tesco asumió también el coste adicional del envasado para animar a los consumidores a luchar contra el despilfarro.

Otro ejemplo es el nuevo diseño de los envases de Muchtar Ismailow de K-Bis Studio, que mantiene los zumos, la leche y otras bebidas y alimentos en formato líquido en buen estado durante mucho más tiempo. El envase I-Pack se puede comprimir y cuenta con un cierre 100% hermético que ocupa el mismo espacio que el tapón de un envase de cartón para bebidas estándar, manteniendo la presurización tras abrir el producto. El resultado es una mayor vida útil de almacenamiento de la leche, los zumos, las sopas o las salsas una vez abiertos. Asimismo, el envase plegado y vacío se puede reciclar con facilidad.

Los procesos de MAP, HPP y pasteurización conservan la frescura

Además de buscar materiales y recipientes que conserven los alimentos y las bebidas durante más tiempo, las empresas están explorando soluciones y métodos de envasado más complejos para reducir los residuos.

El envasado en atmósfera modificada (MAP) puede prolongar en gran medida la vida de los alimentos frescos o mínimamente procesados, reduciendo al mismo tiempo el impacto ambiental. Por ejemplo, mitiga significativamente la cantidad de oxígeno que queda en las bolsas de productos como el queso rallado, las patatas fritas y las carnes, lo que retrasa su descomposición. Los gases que permanecen dentro (normalmente nitrógeno y CO2) no reaccionan con los productos alimenticios ni los degradan, por lo que el contenido se mantiene fresco más tiempo. El envasado en atmósfera modificada en equilibrio (EMAP), derivado de esta tecnología, contiene bajos niveles de oxígeno y una mayor proporción de CO2, conservando los productos frescos.

Tanto el EMAP como el MAP recurren a la 'inyección de gas', método por el cual se inyecta rápidamente la mezcla de gases correcta en la bolsa y se retira el aire del envase. La tecnología de envasado bajo gases utiliza diferentes películas, que en el caso de productos inertes como la carne, el pescado o el queso actúan como barrera hermética contra los gases. En productos que respiran, como las zanahorias o el brócoli, la tecnología permite la liberación de los gases residuales.

La pasteurización es otro método de eficacia probada para preservar la frescura y la seguridad de los alimentos. El procesamiento a alta presión (HPP) es un proceso de pasteurización en frío cada vez más popular que se utiliza para eliminar bacterias como E. coli y salmonela. Los alimentos se procesan, envasan y tratan a presión, normalmente con agua, a temperaturas de refrigeración. El proceso preserva el color, la textura y el sabor de los alimentos, así como sus vitaminas y nutrientes. Los fabricantes de alimentos pueden aumentar notablemente la vida útil de almacenamiento de sus productos con el HPP, eliminando o reduciendo significativamente los conservantes y los aditivos artificiales y proporcionando un producto más sano y natural. Así, son muchas las compañías que están adoptando este método, porque responde a las demandas de los consumidores, que buscan alimentos sin aditivos ni conservantes y opciones respetuosas con el medio ambiente.

Etiquetas inteligentes y soluciones sistemáticas

Durante décadas, las etiquetas de caducidad han determinado cuándo debía desecharse un producto. Aunque funcionan, se basan en estimaciones y no en las condiciones reales. Allí donde fallan las etiquetas de caducidad es precisamente donde destacan las etiquetas inteligentes.

Se trata de un salto tecnológico que permite controlar la temperatura y saber cuándo un alimento presenta riesgo de estar estropeado. Las etiquetas inteligentes representan una revolución en la cadena de frío que permite un envío más eficiente y seguro de los alimentos perecederos. He aquí un buen ejemplo: Timestrip controla los alimentos durante los envíos. El monitor puede registrar si un producto se sale del rango de temperaturas seguro y, en caso afirmativo, durante cuánto tiempo, indicando si el alimento debe venderse o desecharse. Aunque estos monitores no se utilizan ampliamente aún, este tipo de envases puede dar lugar a una mayor seguridad en el envío y el consumo en el futuro.

Las soluciones inteligentes ofrecen a los consumidores y los vendedores la posibilidad de realizar un uso más eficaz de los alimentos antes de dirigirlos al flujo de residuos. Por su parte, las soluciones a gran escala también pueden transformar la infraestructura de gestión de los residuos. Una solución sistémica propuesta por la EPA es la Jerarquía de Recuperación de los Alimentos, que da prioridad a las acciones que previenen la aparición de residuos alimentarios. Esta jerarquía ha sido diseñada para eliminar los residuos minimizando los excedentes alimentarios a través de la reducción de las fuentes y donando dichos excedentes a bancos de alimentos destinados a las personas que pasan hambre. Los excedentes adicionales pueden convertirse en pienso para animales y, posteriormente, emplearse para usos industriales y compostaje, trasladándose en última instancia al vertedero. Los niveles superiores de la jerarquía (minimizar los excedentes y donarlos a los bancos de alimentos) suponen un gran beneficio para el medio ambiente, la sociedad y la economía, además de hacer hincapié en la recuperación de productos que acabarían como residuos.

 

Fuente: pmmi.org

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